Mostrar, evidenciar frente al mercado que estamos delante de un edificio singular.

La aparición de sellos de certificación ya sea versus la sostenibilidad, ya sea definiendo el nivel de eficiencia o demanda energética, ya sea determinando cuan saludable es el espacio construido, es la respuesta del mercado a la necesidad de identificar, concretar y dejar constancia del esfuerzo y el empeño puesto por aquellos promotores que deciden construir con estándares superiores a los exigidos por el marco legal.

Es el modo de comunicar, de señalizar, a los usuarios que estamos delante de un edificio singular. Esta singularidad puede venir definida por el esfuerzo puesto, tanto en la fase de proyecto como en el proceso constructivo, en utilizar soluciones y sistemas respetuosos y responsables con el medio ambiente.

Comprometidos con disminuir las emisiones de CO2, comprometidos con el uso de materiales de proximidad, comprometidos con no utilizar materiales tóxicos, etc…

No todas las certificaciones valoran y puntúan de la misma manera. Sus respectivas escalas de prioridades, sus metodologías de valoración y medición son distintas. No hay mejores o peores si no entendemos qué persigue cada una de ellas, cual es su objetivo y qué nos puede llegar a aportar. Cada proyecto, su uso y finalidad final determina cual es el trabajo para realizar. Si tiene sentido certificar o no, y en caso afirmativo con qué sello o sellos debemos refrendar nuestro trabajo.

En H.A.U.S. pensamos que es conveniente hacer un estudio previo comparativo sobre lo que nos puede aportar cada proceso de certificación, y lo medimos evaluando su efecto sobre estos cuatro ejes:

Todo ello se mide y se evalua por instituciones y empresas que actuan como certificadoras del trabajo realizando otorgando al final del proceso una certificación equivalente a una nota o grado.